¡Hoy Hablamos de Culos! Las Traseras de Reloj Que Nos Vuelven Locos

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¡Hoy hablamos de culos y traseras! «Culo» es una palabra corta, pero que inunda el refrán popular. Es el centro de halagos, críticas, deseos y envidias. La mayoría de las veces que la escuchamos, pensamos en su acepción más anatómica: el conjunto de las dos nalgas. Pero en el mundo de la alta relojería, nos toca quedarnos con su otra definición de la RAE: la «extremidad inferior o posterior de algunas cosas».

Por lo tanto, una advertencia: si has llegado hasta aquí buscando otra cosa y no te apasionan los relojes, posiblemente no vayas a ver los culos que esperas.

De forma muy coloquial —nunca de manera oficial ni en los catálogos de las marcas—, llamamos «culo» de un reloj a su reverso, también conocido técnicamente como trasera, fondo o caja posterior. A grandes rasgos, podemos clasificar estos fondos en dos grandes universos: vistos y ciegos.

El fondo visto, gracias al cristal de zafiro, nos permite admirar la belleza del calibre en su interior, el latido de sus componentes y el nivel de sus acabados (como el perlage o las Côtes de Genève). Por el contrario, el fondo ciego esconde el mecanismo, pero se convierte en el lienzo perfecto para grabados históricos, relieves personalizados y técnicas artísticas. Además, existen los fondos mixtos o con tapa, que combinan magistralmente lo mejor de ambos mundos.

Despídete de la esfera por un momento; hoy nos damos la vuelta. A continuación, te presentamos una cuidada selección de las mejores traseras de reloj del mercado. Una recopilación de nuestros «culos» favoritos, analizados bajo nuestra lupa y retratados, como siempre, a través de fotografías macro exclusivas de nuestra autoría. ¡Que disfrutes de la vista!

A. Lange & Söhne: La obsesión por el detalle sajón

Empezamos nuestro recorrido con una firma que es pura tentación para los amantes de la fotografía macro: A. Lange & Söhne. Nos adentramos en sus fondos vistos —tanto de remonte manual como automático— y descubrimos también una joya de fondo ciego.

El lienzo ciego: Por último, el ejemplo con fondo ciego es una bendición. En él se reflejan minuciosos trabajos de grabado y esmaltado que nos encantan. Todo un alarde de aprovechamiento del espacio limitado, demostrando que un «culo» tapado puede ser tan sexy y artístico como uno al descubierto.

El laberinto manual: En las piezas de carga manual, jugamos con dos niveles de complejidad. Pasamos de un calibre purista a otro con un mayor número de complicaciones y piezas, donde los puentes de alpaca alemana y los chatones de oro atornillados crean una profundidad visual tridimensional sencillamente espectacular.

El magnetismo del rotor: En el modelo de carga automática, la masa oscilante se lleva gran parte del protagonismo. Al ocupar casi todo el espacio del reverso, los maestros artesanos de Glashütte han concentrado en ella un soberbio trabajo de grabado y decoración que es puro magnetismo para el objetivo.

Patek Philippe: El arte sacro de la microingeniería

Continuamos con Patek Philippe. Si vamos a hablar de los «culos» más bellos de la alta relojería, es obligatorio detenerse ante la firma que convierte el reverso de una caja en una auténtica obra de arte sacro: Patek Philippe. Aquí no se esconde nada; al contrario, sus fondos vistos son un despliegue obsceno de microingeniería y acabados a mano que justifican, por sí solos, el deseo que despiertan.

Para muestra, dos joyas de nuestra propia autoría que obligan a girar la muñeca de inmediato:

  • El latido automático de gran rotor: En el primer archivo podemos apreciar la hipnótica simetría del calibre 30-660, donde el protagonismo absoluto se lo lleva su espectacular rotor de oro de 21 quilates, adornado con la emblemática cruz de Calatrava y un sutil guilloché que capta la luz en cada ángulo.
  • La complejidad del cronógrafo manual: Por otro lado, la segunda imagen nos muestra el reverso de una caja de platino (Pt950) que resguarda el soberbio calibre 29-535. Un intrincado laberinto mecánico de puentes angulados, ruedas de pilares y embragues donde cada componente está pulido hasta el extremo.

Una auténtica delicia visual que demuestra que, a veces, la verdadera belleza está en los lugares menos visibles.

Jaeger-LeCoultre: El relojero de los relojeros (por delante y por detrás)

Hablar de Jaeger-LeCoultre es hacerlo de una de las manufacturas con mayor legado técnico del planeta. Si sus esferas destilan elegancia clásica, darles la vuelta es asomarse al templo de la microingeniería y la alta artesanía. En esta selección, sus «culos» demuestran por qué la firma se ha ganado su estatus leyendas.

La obsesión por la alta complicación pura (Manuales): En sus piezas de remonte manual, la manufactura prescinde por completo de masas oscilantes para ofrecer una vista limpia, imponente y tridimensional de la mecánica más pura. Son calibres de infarto donde quedan al descubierto intrincados sistemas de sonería, puentes angulados a mano, rubíes embutidos y ruedas de transmisión pulidas a espejo. Una delicia visual para cualquier fotógrafo y una perdición para el coleccionista.

El magnetismo de sus rotores calados (Automáticos): En sus calibres automáticos de alta gama, la masa oscilante no es un obstáculo para la vista, sino una parte fundamental del espectáculo. Con rotores de oro exquisitamente esqueletizados con el logotipo de la manufactura, la marca consigue el equilibrio perfecto: mantener la comodidad de la carga automática mientras nos permite deleitarnos con los puentes decorados con Côtes de Genève y el volante latiendo debajo.

La cumbre del arte en un fondo ciego (El Reverso): El icónico modelo Reverso eleva el concepto de «fondo ciego» a la categoría de alta joyería y obra de museo. La trasera de la caja móvil se transforma en un lienzo espectacular donde los maestros artesanos despliegan pavés de diamantes engastados y minuciosos trabajos de esmaltado polícromo con motivos exóticos. Una demostración absoluta de que tapar el motor puede ser la decisión más sensual y artística del mundo.

Vacheron Constantin: La elegancia suprema y el sello de Ginebra

Llegamos a una de las cumbres absolutas de la alta relojería suiza. Si hay una marca que sabe cómo dotar a sus traseras de una distinción clásica, aristocrática y magnética, esa es Vacheron Constantin. Aquí la sobriedad exterior se da la vuelta para revelar una obsesión enfermiza por la perfección técnica y el detalle.

Siguiendo la tónica del artículo, estructuramos lo que nos ofrece esta legendaria maison en sus reversos de infarto:

  • La pureza tridimensional del remonte manual: Al prescindir de la masa oscilante, los calibres manuales de la firma —como el magnífico movimiento de la gama Historiques que ilustra este apartado— se muestran desnudos y sin filtros. Son el lienzo perfecto para apreciar la exquisitez de sus puentes decorados con unas Côtes de Genève de nitidez quirúrgica, rubíes perfectamente embutidos y un volante expuesto que late con una finura conmovedora. Todo enmarcado en cajas con geometrías tan singulares como la de este mítico cojín de oro rosa.
  • La excelencia certificada (Poinçon de Genève): Mirar el «culo» de un Vacheron Constantin a través de la lupa o una lente macro, es buscar un testigo inconfundible: el Sello de Ginebra. Este grabado oficial en los puentes no es solo un adorno, es la garantía de que cada ángulo, cada diente de rueda y cada platina ha sido pulida y biselada a mano siguiendo los estándares más estrictos de la alta artesanía tradicional.
  • Rotores que son alta joyería (Automáticos): Cuando la casa apuesta por fondos vistos automáticos, los rotores son otro mundo. Frecuentemente calados con la icónica Cruz de Malta y esculpidos en oro macizo de 22 quilates, las masas oscilantes giran con tal suavidad que parecen flotar sobre la complicidad del mecanismo.

Una demostración incontestable de que la veteranía y la historia de una firma se miden, sobre todo, cuando se le da la vuelta a la muñeca.

Chronométrie Ferdinand Berthoud: La obsesión cronométrica y la arquitectura de pilares

Si buscas el «culo» definitivo para dejar sin aliento a los puristas de la técnica y la simetría, Chronomérie Ferdinand Berthoud (la división de alta relojería independiente amparada por Karl-Friedrich Scheufele, copresidente de Chopard) es el Santo Grial. Sus movimientos no emulan la relojería del siglo XIX; rinden homenaje directo a los cronómetros marinos de los siglos XVIII y XIX. Visualmente, su reverso es lo más parecido a mirar el motor de un transatlántico en miniatura a través de un microscopio.

  • Arquitectura de pilares suspendidos: Al darle la vuelta a uno de sus calibres manuales (como el FB-T.FC), te encuentras con algo que casi ninguna otra marca moderna hace: un movimiento construido en niveles mediante pilares de titanio o acero pulido, imitando la estructura de los antiguos relojes de bolsillo y marinos. La profundidad tridimensional que se consigue es salvaje; el mecanismo parece flotar suspendido entre el cristal de zafiro y la esfera.
  • La obscenidad del sistema de transmisión huso-cadena (fusee and chain): El verdadero espectáculo visual de sus traseras es poder contemplar el mecanismo de fuerza constante. El objetivo macro capta un diminuto cono (el huso) conectado a un barrilete mediante una finísima cadena de cientos de eslabones pulidos y montados a mano. Ver cómo esa cadena se enrolla y desenrolla al dar cuerda al reloj es un orgasmo visual para cualquier amante de la macrofotografía.
  • El tourbillon de baja frecuencia y acabados de espejo: En el centro de este entramado mecánico suele reinar una gigantesca jaula de tourbillon que late a unas pausadas y majestuosas 21.600 alternancias por hora. Los puentes de titanio que lo sostienen están pulidos al negro (black polish o miroir noir), la técnica de acabado más difícil del mundo donde el metal queda tan sumamente plano que no refleja la luz, sino que se vuelve completamente negro o actúa como un espejo perfecto según el ángulo de la cámara.

Una trasera de Ferdinand Berthoud no es un fondo de reloj; es un tratado de física, historia y microingeniería naval compactado en poco más de 35 milímetros. Una absoluta locura para cerrar cualquier artículo por todo lo alto.

Breguet: La cuna del Tourbillon y la poesía de la ecuación del tiempo

Si hay una firma que personifica la aristocracia de los acabados a mano y la historia viva de la relojería, esa es Breguet. Para este artículo de traseras espectaculares, el listón se eleva hasta el infinito con la imagen del Tourbillon Équation Marchante 5887, un reverso que no es un fondo de reloj, sino una obra de arte digna de la cámara del Louvre.

El reverso de la gran complicación: El objetivo capta en un rincón el puente del majestuoso tourbillon y los intrincados engranajes que gestionan la ecuación del tiempo marchante (la complicación que muestra la diferencia entre la hora civil y la hora solar verdadera). Los cantos de los puentes, perfectamente angulados y pulidos a espejo, reflejan la luz de una manera tan nítida que resulta casi hipnótica. Un «culo» imperial y la máxima expresión del arte horológico tradicional.

Un mapa de la historia naval grabado a mano: A través del cristal de zafiro de esta gran complicación, la vista se pierde en un minucioso y espectacular grabado realizado a mano alzada que reproduce la silueta de un navío de la Marina Real Francesa, el Louis XIV. Es un guiño histórico al nombramiento de Abraham-Louis Breguet como relojero de la Armada Real en 1815. La precisión del buril sobre los puentes crea texturas y relieves que son un absoluto festín para la fotografía macro.

La masa oscilante periférica: Para no tapar ni un solo milímetro de esta impresionante obra de arte grabada, Breguet utiliza una solución técnica exquisita: un rotor periférico de platino que gira alrededor del movimiento en lugar de situarse sobre él. De este modo, la trasera ofrece la comodidad de un reloj automático pero manteniendo la visibilidad despejada y limpia de un calibre manual.

Bulgari: La osadía del extraplano y la geometría Octo Finissimo

: La revolución arquitectónica del Octo Finissimo

Si había una firma dispuesta a romper los esquemas del diseño moderno en la alta relojería, esa es Bulgari. Su saga Octo Finissimo no solo acumula récords mundiales de delgadez, sino que ha redefinido cómo debe lucir un movimiento de vanguardia. Al darles la vuelta, el objetivo macro se topa con una fascinante trilogía de soluciones de ingeniería enfocadas a ahorrar espacio sin perder un ápice de espectacularidad visual.

  • La pureza del micro-rotor integrado (Automático clásico): En una de sus ejecuciones automáticas más puras, la marca opta por incrustar un micro-rotor de platino descentrado directamente en el mismo plano que los puentes. El resultado es una trasera limpia, con superficies satinadas y decoradas con sutiles Côtes de Genève, salpicada por el intenso color de sus rubíes y rematada por un escape completamente expuesto que late en una esquina.
  • La magia de la masa oscilante periférica (Cronógrafo): Cuando la complicación aumenta —como en su célebre cronógrafo—, Bulgari recurre a una genialidad técnica invisible a primera vista: un rotor periférico fabricado en platino macizo (Pt950) que gira sutilmente por el borde exterior del calibre. Gracias a esto, la trasera ofrece la vista limpia y tridimensional de un cronógrafo manual, permitiendo fotografiar al detalle el intrincado laberinto de ruedas sin que ningún rotor central tape el espectáculo.
  • La desnudez geométrica del esqueleto (Manual): En la variante calada de remonte manual, el concepto de trasera desaparece para convertirse en una ventana translúcida. El calibre se reduce a una finísima y agresiva telaraña de puentes con tratamiento oscuro que dibuja la icónica geometría de la caja Octo. Aquí la luz pasa de lado a lado del reloj, dejando al descubierto el barrilete, el tren de rodaje y cada minúsculo engranaje en una lección de minimalismo mecánico radical.

Tres formas radicalmente distintas de entender el extraplano, vestidas con el inconfundible traje monocromático y arquitectónico de la casa italiana. ¡Una terna fotográfica espectacular!ran que en la alta relojería actual, menos grosor significa muchísimo más impacto visual.

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